El caso de Adán Augusto se convierte en un ejemplo más y muy claro de que en México la impunidad no sólo persiste, sino que se premia.
- IMPACTO DIGITAL INFORMATIVO

- 19 jul 2025
- 1 Min. de lectura
El caso de Adán Augusto se convierte en un ejemplo más y muy claro de que en México la impunidad no sólo persiste, sino que se premia.

El exgobernador y exsecretario de Gobernación, hoy señalado por escándalos que recuerdan a los peores momentos del viejo régimen, debería estar siendo investigado y enfrentando la justicia como cualquier otro ciudadano. Pero no: el silencio es el nuevo blindaje político.
Y lo más irónico: si Morena estuviera hoy en la oposición, ya estaríamos viendo marchas, hashtags y arengas públicas exigiendo “¡Cárcel para Adán Augusto!”. Pero como es “de los suyos”, la indignación parece tener horarios y colores partidistas.
Lo más importante es que quizás Adan Augusto no pise la cárcel o lleve algún procedimiento legal, por las responsabilidades que tiene, pero se ganó de qué el pueblo hoy lo está juzgando por sus actos de corrupción, su mal gobierno y ya forma parte del basurero de la historia.

Una vez más, la justicia selectiva da cátedra.




Comentarios